lunes, 28 de julio de 2008

Dame para soñar un sitio menos gris

Hoy es una noche de verano de esas en las que me pasaría las horas muertas mirando las estrellas, pero en Madrid no hay, se olvidaron de dejarnos unas pocas para observar alelados mientras dejamos que el reloj siga su andadura.

Sin embargo nadie hay por las calles, es tarde y los que están aqui duermen porque, como diría mi abuelo, "mañana es día de escuela", para mí también lo es, debería estar ya en el quinto sueño, pero una vez más, no puedo dormir, como tantas noches de desvelo.



Ya se había hecho de día cuando me quise dar cuenta de dónde estaba en realidad, tantas horas juntos nos habían dado el tiempo suficiente para conocernos más si cabe. Dos sofás para dos cuerpos, la distancia suficiente para no hacer nada de lo que nos pudiéramos arrepentir. Y un instante después estábamos dejándonos llevar.

Me hacen falta las estrellas, necesito que me guíen mientras te mantienes en silencio, y las necesitaré aún mas cuando me digas lo que ya sé.

miércoles, 23 de julio de 2008

Incluso en estos tiempos...

Es tarde y tengo sueño, pero no quiero dormir, en realidad sólo me apetece acurrucarme en tus brazos y dejar que tu mirada y tus caricias me duerman, aunque sé que no puede ser, que se acabó, que fui yo la que no quise seguir adelante, aunque sé que estamos tan lejos que no nos volveremos a encontrar.

...en los que soy feliz de otra manera,
todos los días tienen ese instante,
en que me jugaría la primavera
por tenerte delante.

domingo, 13 de julio de 2008

Y sopa para comer, y sopa para cenar, y sopa a todas horas hasta pa' merendar

He vuelto con heridas en rodillas, piernas y brazos, con el cuerpo quemado a trozos y marcas de moreno que no podré quitarme en años, con la voz a medio fuelle y muchas canciones de campamento que no me puedo quitar de la cabeza.

He venido muerta de cansancio y con agujetas; pero encantada. Enamorada, no de trece, sino de casi cincuenta chavales que día tras día me han ido encandilando, a pesar de algunas broncas y ratos no tan buenos.

He llegado y ahora no sé qué hacer, me falta la sopa de todos los días, el aguacao y las galletas, el poto y los platos de plástico, la ropa maloliente, el frío que te cala los huesos, las montañas y las estrellas, los juegos, las reuniones y las linternas, el camino de diez minutos hasta el baño, los palés que nos salvaban de los charcos, los garbanzos, las vacas paseando tan campantes, las risas, los abrazos, los caretos de por la mañana y de por la noche.

He necesitado dos días para recuperarme, pero si me dijeran que me puedo ir otra vez mañana aceptaba sin dudarlo.