Diana siempre pide treinta céntimos, lo justo para poder comprarse un litro de cerveza. Vaga sin rumbo día y noche con las mismas compañías de hace quince años, aquellos que soñaron junto a ella con un futuro sin límites.
En los días de frío la boca del metro se convierte en su casa, aunque sería mejor decir que en los días de calor tampoco tiene otra. Apostada en las escaleras mecánicas mendiga tabaco y algo suelto para seguir matando las horas con una botella en la mano. Pide sin prisa. Hoy se ha topado conmigo y me ha regalado un deseo: "gracias bonita, que nunca te falte de nada".
domingo, 28 de septiembre de 2008
jueves, 11 de septiembre de 2008
Érase una mujer impar, imperfecta, imprecisa.
Érase una mujer incierta, indecente, indecisa.
Érase una mujer empeñada en vivir deprisa,
en soñar despierta, en mendigar caricias.
Érase una mujer impaciente, impasible, imposible.
Érase una mujer invisible, inventada, invencible.
Érase una mujer amante de lo incomprensible,
llena de deseos tan inconfesables como increíbles.
Érase ésta una historia interminable,
sin caballeros, príncipes ni condestables.
Érase una mujer cualquiera, una mujer de cuento,
que desapareció con el último rayo de sol,
no sin antes aprovechar hasta el último aliento.
Érase una mujer incierta, indecente, indecisa.
Érase una mujer empeñada en vivir deprisa,
en soñar despierta, en mendigar caricias.
Érase una mujer impaciente, impasible, imposible.
Érase una mujer invisible, inventada, invencible.
Érase una mujer amante de lo incomprensible,
llena de deseos tan inconfesables como increíbles.
Érase ésta una historia interminable,
sin caballeros, príncipes ni condestables.
Érase una mujer cualquiera, una mujer de cuento,
que desapareció con el último rayo de sol,
no sin antes aprovechar hasta el último aliento.
jueves, 4 de septiembre de 2008
Sólo me tengo que reconciliar con los errores que volveré a cometer.
...¡Zas! Mierda, otra vez me di contra el suelo. Sigo sumando moratones mentales. Y es que no aprendo, siempre acabo arrastrándome intentando que algunas cosas no cambien demasiado, tratando de recuperar algo que creía que merecía la pena.
Por mi parte ya es suficiente. Ahora voy a levantarme del suelo, quitarme las hojas secas y limpiar la tierra de mis pantalones. Seguiré caminando aunque no vengas a mi lado.
Por mi parte ya es suficiente. Ahora voy a levantarme del suelo, quitarme las hojas secas y limpiar la tierra de mis pantalones. Seguiré caminando aunque no vengas a mi lado.
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