lunes, 27 de abril de 2009
martes, 7 de abril de 2009
Cuando duermo sin ti, contigo sueño
Me sobran 3/4 de cama, no tengo nadie a quien prestársela. Nadie que me estorbe en verano ni que me arrope en invierno. Nadie con quien compartir esa mirada aun somnolienta, en silencio y dedicarle una sonrisa mientras el mundo se construye un día más.
La sábana parece un desierto, queda tan lejos el otro extremo que mas bien pareciera que allí se encuentra el abismo, el fin del mundo tras la línea del horizonte. Y no hay nadie que me salve de ese abismo.
Al fondo de la habitación la luz de una farola se cuela por la ventana, intentando iluminar alguna piel inexistente. Hoy no hay poros que memorizar, ni vello que erizar con una caricia, no hay pies que entrelazar ni figura a la que acoplarse.
Mientras, a falta de un narrador de cuentos nocturnos, me acurruco en un rincón y espero que el sueño me venza.
La sábana parece un desierto, queda tan lejos el otro extremo que mas bien pareciera que allí se encuentra el abismo, el fin del mundo tras la línea del horizonte. Y no hay nadie que me salve de ese abismo.
Al fondo de la habitación la luz de una farola se cuela por la ventana, intentando iluminar alguna piel inexistente. Hoy no hay poros que memorizar, ni vello que erizar con una caricia, no hay pies que entrelazar ni figura a la que acoplarse.
Mientras, a falta de un narrador de cuentos nocturnos, me acurruco en un rincón y espero que el sueño me venza.
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